El informe sobre las prácticas informativas en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén nos pone frente a un espejo incómodo. Consumimos menos noticias que antes, y cuando lo hacemos, el resultado suele ser negativo: angustia, enojo o hartazgo. ¿Estamos realmente informados o solo sobrecargados de datos que nos dejan peor que antes?

El teléfono móvil es el gran protagonista de la trama. Es nuestra ventana al mundo informativo, pero también una puerta al bombardeo constante. El 62,7% de los encuestados dice consumir noticias varias veces al día, pero ¿Cuánto de eso realmente procesamos? ¿O acaso solo estamos sumergidos en un scroll infinito que nos deja más vacíos que llenos?
Aquí hay una grieta generacional que no podemos ignorar. Los más jóvenes se topan con las noticias casi por casualidad, mientras navegan por Instagram o TikTok. Para ellos, la información es algo que aparece mientras hacen otras cosas. En cambio, los mayores de 50 años dedican un tiempo específico a informarse, como si fuera un ritual.
Las redes sociales son el campo de batalla. Twitter, Instagram y WhatsApp son las plataformas donde nos informamos, pero también donde nos perdemos. El 83,3% de los encuestados cree que las redes generan adicción. Y no les falta razón. ¿Cuántas veces dijimos “solo cinco minutos” y terminamos una hora después discutiendo en Twitter o viendo memes? El teléfono móvil, ese aparato que nos acompaña las 24 horas, es visto por muchos como una adicción. ¿Será que estamos tan enganchados a la información que ya no sabemos vivir sin ella?

Pero no todo es negativo. El informe también nos deja algunas pistas sobre lo que sí valoramos: la credibilidad y la transparencia. Queremos saber de dónde viene la información, quién la dice y por qué. Los jóvenes buscan que sea importante y creíble; los mayores, que tenga fuentes sólidas. En algo coinciden todos: queremos noticias que nos hablen de la realidad, no solo de desgracias.
Entonces, ¿Qué hacemos? ¿Seguimos consumiendo noticias como si fueran caramelos, sabiendo que nos pueden dejar empachados? ¿O empezamos a ser más selectivos, a buscar fuentes confiables y a dedicar un tiempo real a informarnos?
La información es poder, pero también puede ser una carga. El desafío está en encontrar el equilibrio entre estar informados y no sobrecargados. Porque, al final del día, no se trata de cuántas noticias consumimos, sino de cuánto realmente nos importan. Y eso, es algo que no se resuelve con un click.
Acceso al informe: https://medialabpatagonia.org/wp-content/uploads/2023/05/Informe-2023-practicas-informativas-Alto-Valle.pdf
Observatorio: Fabián Bergero, Pablo Schleifer y Omar González
Observatorio de Comunicación y Temáticas Sociales
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