Junín de los Andes. El debate sobre la contaminación del río Chimehuín volvió a instalarse con fuerza en la agenda local y regional. Esta vez, no a partir de rumores o percepciones aisladas, sino respaldado por una serie de informes científicos que reúnen más de cuatro años de monitoreos sistemáticos. Miguel Pascual, investigador del CONICET y del CEAN, dialogó sobre los hallazgos y los desafíos que enfrenta la comunidad.
“Siempre se habló de la planta de tratamiento como principal foco de contaminación, y lo es, pero ahora sabemos con claridad qué pasa en el río”, explicó Pascual.
El equipo detectó altos niveles de nutrientes —nitrógeno y fósforo— que desequilibran el ecosistema y favorecen la proliferación de algas. El fenómeno, visible desde 2019, motivó estudios estacionales en distintos puntos del curso de agua que hoy conforman una sólida base de evidencia.
Ocho estudios, un informe conjunto
El trabajo de Pascual y sus colegas se sumó a otras investigaciones que abordan la calidad del agua desde diferentes ángulos: desde el funcionamiento de la planta cloacal hasta la presencia de microplásticos, fármacos y deficiencias en la cloración en algunos sectores. En total, son ocho los estudios que fueron compilados en un informe conjunto presentado en 2024 y actualizado en mayo de 2025.
El documento fue elevado a las autoridades municipales y provinciales. “La diferencia con lo que pasó en 2010 es enorme: ahora no discutimos percepciones, discutimos datos duros. Eso cambia el nivel de la discusión”, señaló el investigador.

Más allá de la planta cloacal
Los estudios también revelaron un aspecto poco visibilizado: la existencia de contaminación aguas arriba del desagüe principal. “Encontramos aportes cloacales que no pasan por ninguna planta de tratamiento, lo que se llama contaminación difusa. Es decir, además de la planta, hay vertidos que llegan directamente al río desde distintos puntos del pueblo”, advirtió Pascual.
Este hallazgo abre un debate sobre planificación urbana y crecimiento poblacional. La expansión de asentamientos en zonas cercanas al cauce incrementa la presión sobre el río, en un contexto donde la falta de acceso a la vivienda empuja a muchas familias a instalarse en áreas vulnerables.
El futuro: vertido cero o tratamiento terciario
Frente al diagnóstico, se discuten dos caminos: avanzar en una planta de tratamiento terciario —más costosa y sofisticada— o transitar hacia un paradigma de vertido cero, donde las aguas cloacales no vuelvan al río sino que se reutilicen en sistemas circulares. “El mundo está yendo hacia ahí, hacia dejar de usar a los ríos como fondo de tarro”, explicó Pascual.
En la Legislatura de Neuquén incluso circula un proyecto que propone alcanzar el vertido cero para 2030, lo que refleja que el debate ya no se limita al plano local.
La responsabilidad ciudadana
Consultado sobre qué pueden hacer los vecinos, Pascual fue enfático: “Todo lo que hacemos va al río. Si cambiamos aceite en la calle, si hacemos un pozo ciego sin control, si tiramos basura, todo termina ahí. La principal responsabilidad de los habitantes es tomar conciencia de que somos una población fluvial. Somos custodios del río”.
Un problema histórico, una oportunidad presente
La viralización del tema en redes sociales y medios volvió a encender la alarma, pero esta vez, subraya Pascual, con herramientas distintas: “Hoy hay información sólida en manos de las autoridades. Estamos en un buen momento para que esa evidencia se traduzca en acción. Ojalá esta sea una nueva etapa”.

El río Chimehuín, fuente de agua y vida para Junín de los Andes, enfrenta un dilema que combina ciencia, política, ciudadanía y planificación urbana. La oportunidad de cambiar la relación con el río está sobre la mesa.
✍️ Por Maiten Cañicul Quilaleo – @maitencq FM Ché 90.5.
📷 Por @gonzaleznani18 (Fondo 8 estudios)





Replica a “Nos encontramos en uno de los periodos más secos de la historia”. – CARNAZA Cancelar la respuesta