El conflicto por la base del cerro ya no es técnico: es político, ambiental y social
El conflicto que atraviesa hoy al Cerro Chapelco dejó de ser una discusión puntual por movimientos de suelo o tiempos de obra. Lo que está en juego es mucho más profundo: cómo se toman decisiones sobre un territorio estratégico en San Martín de los Andes, quién paga los costos ambientales y quiénes quedan afuera de esas decisiones.
En las últimas semanas, las comunidades Curruhuinca y Vera denunciaron contaminación del agua, falta de consulta previa y avance de obras sin garantías suficientes. La reacción oficial terminó confirmando la gravedad del escenario: el propio Municipio suspendió trabajos y reconoció daños en el área intervenida.
La denuncia central: el agua
El punto más delicado del conflicto no está arriba del cerro, sino abajo.
Vecinos del paraje y referentes comunitarios advirtieron episodios de turbidez en el agua de consumo y preocupación sanitaria en alrededor de 300 familias. La Comunidad Vera lo expresó con crudeza en un comunicado de prensa difundido en abril:
“Nuestra defensa del territorio no responde a intereses económicos ni políticos, sino al compromiso de cuidar la tierra, el agua y la vida de las futuras generaciones.“
No se trata de una discusión abstracta. Se trata del agua que llega a las casas, al mate, a los chicos, a la vida cotidiana.
Una obra sin licencia social
La nueva concesión de Chapelco fue presentada como una etapa de modernización, inversión y crecimiento turístico.

En síntesis: una obra con papeles puede existir, pero sin licencia social difícilmente se sostenga.
El error histórico de Chapelco
Chapelco arrastra una historia larga de concesiones discutidas, tierras entregadas, beneficios privados y costos públicos. Ahora el riesgo es repetir el mismo esquema:
privatizar rentabilidad y socializar impactos.
Cuando hay ganancias, aparecen empresas y contratos.
Cuando hay contaminación, conflictos o falta de agua, aparecen vecinos y comunidades reclamando.
Lo que nadie debería discutir
Hay algo que debe quedar claro: defender el ambiente y exigir reglas no es estar contra la temporada turística.
Las propias comunidades lo dijeron:
“No somos un freno al desarrollo. Somos un pueblo con derechos reconocidos por la ley y por la historia.”
San Martín vive en parte del invierno, del turismo y del trabajo que genera el cerro. Nadie desconoce eso. Lo que se discute es otra cosa: si el desarrollo se hará con transparencia, respeto y planificación, o mediante improvisación y hechos consumados.
Lo mínimo indispensable ahora
Si el gobierno provincial, el municipio y la concesionaria quieren desactivar el conflicto, el camino parece evidente:
- Garantizar agua segura a todas las familias afectadas.
- Publicar estudios técnicos completos e independientes.
- Convocar audiencia pública real.
- Formalizar consulta a Vera y Curruhuinca.
- Transparentar contrato, obligaciones e inversiones.
- Frenar cualquier intervención dudosa hasta despejar responsabilidades.
Una concesión de 25 años no puede arrancar así
El dato político más fuerte de todo esto es simple: si una concesión pensada para 25 años nace envuelta en desconfianza, conflictos territoriales y denuncias por agua, arranca mal.
Y cuando algo arranca mal en Chapelco, lo termina pagando toda la comunidad.
Conclusión
El cerro puede seguir creciendo. El turismo también. Las inversiones incluso pueden ser necesarias.
Pero ningún proyecto serio se construye sobre agua turbia, comunidades ignoradas y decisiones aceleradas.
Chapelco necesita nieve en invierno.
Pero sobre todo necesita legitimidad para el futuro.
Fotografías de archivo 2024: @nair.carlonia
Notas anteriores sobre el tema:
Fuentes varias:
https://www.facebook.com/profile.php?id=100071061187732

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Decreto 25 Marzo 2026:


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