Sismos inducidos, residuos petroleros y aguas residuales son algunos de los impactos que distintos estudios científicos e investigaciones vienen asociando a la expansión del desarrollo no convencional en la Cuenca Neuquina.

Cada nuevo récord de producción en Vaca Muerta suele venir acompañado por cifras de inversiones, exportaciones y crecimiento económico. Sin embargo, existe otra cara del desarrollo hidrocarburífero que rara vez ocupa el centro del debate público: los pasivos ambientales que deja la explotación no convencional.

Durante los últimos años, investigaciones científicas, informes internacionales y causas judiciales comenzaron a poner el foco sobre tres procesos que avanzan al mismo tiempo que la actividad petrolera: el incremento de la sismicidad registrada en la Cuenca Neuquina, la creciente generación de residuos peligrosos y los desafíos que plantea la gestión del agua utilizada durante el fracking.

Aunque suelen analizarse por separado, los tres procesos están vinculados entre sí y forman parte de una misma técnica de extracción: la fractura hidráulica o fracking y presentan distintos niveles de evidencia científica, regulatoria y judicial. Mientras la producción continúa expandiéndose, también lo hace la necesidad de comprender cuáles son sus impactos ambientales y cómo se los controla.

1. El primer pasivo: la sismicidad inducida

Durante años, los habitantes de Sauzal Bonito comenzaron a convivir con un fenómeno inédito: temblores que aparecían en una zona donde prácticamente no existían antecedentes sísmicos. Con el paso del tiempo, la situación también empezó a repetirse en Añelo, el corazón de Vaca Muerta.

Para el Observatorio de Sismicidad Inducida, el crecimiento de la actividad hidrocarburífera y el aumento de los sismos no son procesos aislados. El gráfico elaborado por sus investigadores muestra cómo, a medida que crecieron las etapas de fractura hidráulica, también aumentó la cantidad de eventos sísmicos registrados en la Cuenca Neuquina.

(Gráfico)

En diálogo con FM Pocahullo, el geógrafo Javier Grosso, docente de la Universidad Nacional del Comahue e integrante del Observatorio, explicó que los sismos ya empezaron a modificar la vida cotidiana de quienes viven en Añelo.

«Los temblores en una zona donde nunca hubo registro sísmico empiezan a alterar la cotidianidad de las personas. Hay gente que se despierta de madrugada porque vibran los vidrios, el cielo raso o siente como si una camioneta chocara contra la casa.»

Según Grosso, durante los últimos episodios registrados en mayo, la empresa YPF realizaba tareas de fractura hidráulica en el área Loma Campana, incluso por debajo del ejido urbano de Añelo.

«Los pozos llegan de manera vertical y después continúan varios kilómetros en forma horizontal. Te pueden estar fracturando debajo de una localidad desde un equipo que está instalado a cinco kilómetros de distancia.»

El investigador sostiene que la provincia debería avanzar en mecanismos de información y prevención para las comunidades donde se desarrolla la actividad.

Fuente: farn.org.ar «10 años y mas de 400 sismos de vaca muerta«

«No estamos diciendo que se prohíba el fracking. Lo que decimos es que la población sepa cuándo comienzan las fracturas y que exista información para prepararse frente a una situación que antes no ocurría.»

La discusión sobre la sismicidad inducida continúa siendo objeto de investigación científica, pero los registros acumulados en los últimos años ya instalaron un nuevo debate en la Cuenca Neuquina: cómo compatibilizar el crecimiento de Vaca Muerta con un fenómeno que dejó de ser excepcional para convertirse en parte de la vida cotidiana de localidades como Sauzal Bonito y Añelo.

2. La basura que deja el fracking

Cada pozo no convencional que entra en producción deja mucho más que petróleo y gas. También genera miles de toneladas de residuos: lodos de perforación, arenas utilizadas durante la fractura hidráulica, suelos contaminados, fondos de tanques, recortes de perforación y aguas residuales que deben ser transportadas, tratadas o dispuestas bajo estrictas condiciones ambientales.

Con la expansión de Vaca Muerta, ese volumen creció de manera acelerada y puso en evidencia un desafío pocas veces mencionado cuando se habla del desarrollo hidrocarburífero: qué hacer con la basura del fracking.

El informe publicado por el Observatorio Petrolero Sur reconstruye cómo ese crecimiento terminó desbordando la capacidad instalada para tratar residuos peligrosos en Neuquén y tomó como caso paradigmático a Comarsa, la empresa que durante años operó en el Parque Industrial de Neuquén Oeste (PINO).

Tras el acuerdo entre YPF y Chevron en 2013 y el inicio del desarrollo masivo de Vaca Muerta, la planta comenzó a expandirse de manera acelerada. Según el informe, en apenas dos años cuadruplicó su superficie y se convirtió en el mayor depósito de residuos petroleros a cielo abierto de la Patagonia. Esa expansión incluyó la ocupación de tierras fiscales y el crecimiento del volumen de residuos almacenados muy por encima de la capacidad de tratamiento.

Las propias inspecciones de la Subsecretaría de Ambiente registraron diferencias entre los volúmenes declarados por la empresa y los relevados por los inspectores, además de piletas sin autorización, acopio superior a la capacidad de procesamiento y otras irregularidades que quedaron documentadas en actas oficiales.

La presión social y las denuncias impulsaron en 2015 el Decreto Provincial 2263, que obligó a trasladar las plantas de tratamiento de residuos peligrosos a más de ocho kilómetros de las zonas urbanizadas y fijó un plazo de dos años para el cierre, remediación y traslado de las instalaciones existentes. Sin embargo, esos plazos fueron prorrogándose y la situación se prolongó durante años.

En diciembre de 2020, la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas presentó una denuncia penal contra Comarsa, funcionarios provinciales y empresas operadoras, al considerar que existieron responsabilidades en el almacenamiento de residuos peligrosos y en las irregularidades detectadas durante el funcionamiento de la planta.

Más allá del caso judicial, el informe del Observatorio Petrolero Sur plantea una discusión de fondo: el crecimiento de Vaca Muerta no sólo multiplicó la producción de hidrocarburos, sino también la cantidad de residuos que deben ser gestionados. En ese sentido, sostiene que los basureros petroleros constituyen uno de los principales pasivos ambientales asociados al desarrollo del fracking y un desafío que continuará creciendo mientras aumente la actividad extractiva.

3. El agua: el desafío que recién empieza

Cuando se habla de fracking, una de las críticas más frecuentes apunta al enorme consumo de agua que requiere cada pozo. Sin embargo, un informe publicado en 2021 por el Stockholm Environment Institute (SEI) propone mirar el problema desde otra perspectiva: el principal desafío no sería cuánto agua consume la actividad, sino qué ocurre con ella una vez utilizada.

El trabajo, elaborado por un equipo de investigadoras, revisó más de 50 estudios científicos y técnicos sobre el desarrollo de Vaca Muerta y sus posibles impactos sobre las cuencas de los ríos Neuquén, Limay y Negro.

Su principal conclusión es que el riesgo más importante para las próximas décadas está asociado a la gestión de las aguas residuales generadas por el fracking. Si bien el consumo de agua representa una fracción relativamente pequeña del uso total de la cuenca, el crecimiento de la actividad implica un aumento sostenido del volumen de líquidos que regresan a la superficie y que requieren tratamiento, reutilización o disposición final bajo estrictos controles.

Esa agua de retorno —conocida como flowback— puede contener altas concentraciones de sales, hidrocarburos, metales y otros compuestos presentes tanto en los aditivos utilizados durante la fractura como en las propias formaciones geológicas. Según el informe, los mayores riesgos ambientales aparecen durante su almacenamiento, transporte, tratamiento o reinyección, así como ante posibles derrames o fallas en la infraestructura.

Los investigadores también advierten que el escenario se vuelve más complejo en un contexto de cambio climático y creciente demanda de agua para consumo humano, producción agrícola, generación hidroeléctrica e industria. En ese marco, sostienen que la expansión de Vaca Muerta exige fortalecer el monitoreo ambiental, mejorar la coordinación entre organismos públicos y garantizar un mayor acceso a la información sobre el estado de las cuencas.

El informe destaca además una oportunidad: Vaca Muerta todavía se encuentra en una etapa de desarrollo que permite incorporar mejores mecanismos de control antes de alcanzar una escala aún mayor. Entre sus recomendaciones figuran ampliar los programas de monitoreo de la calidad del agua, reforzar la transparencia de los datos ambientales y avanzar hacia una gestión integrada de toda la cuenca de los ríos Neuquén, Limay y Negro.

En definitiva, el estudio invita a ampliar la mirada sobre el agua. El debate no pasa solamente por la cantidad utilizada para fracturar un pozo, sino por la capacidad de gestionar millones de litros de agua residual que acompañarán al desarrollo de Vaca Muerta durante las próximas décadas.


Hablar de Vaca Muerta también es hablar de los desafíos que acompañan su desarrollo. Los sismos, la gestión de los residuos petroleros y el cuidado del agua no son discusiones del futuro: ya forman parte del presente de la Cuenca Neuquina.

Durante años, el debate público estuvo dominado por la producción, las inversiones y las exportaciones. Esta investigación propone sumar otra pregunta:

¿cómo se gestionan los pasivos ambientales del desarrollo hidrocarburífero más importantes del país?

Porque medir el éxito de Vaca Muerta también implica mirar aquello que permanece cuando termina la extracción.

Fuentes:

https://www.telesurtv.net/argentina-mapuche-acusan-ypf-contaminacion

https://revistacitrica.com/el-basurero-de-vaca-muerta

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